La garnacha es el alma del Mediterráneo, una variedad que ama el calor y responde a la sequía con un carácter especiado, profundo y jugoso. En la copa desprende aromas sugerentes de frambuesas maduras, hierbas silvestres y pimienta blanca. Su fortaleza reside en su enorme capacidad de adaptación: aporta a las cuvées una cálida suavidad y taninos amables, pero en suelos pobres puede desarrollar una fascinante frescura mineral. En el Ródano meridional constituye la columna vertebral de las cuvées de Châteauneuf-du-Pape, donde los cantos rodados redondeados almacenan el calor del día y lo ceden a las cepas durante la noche.
La versatilidad de esta variedad se pone de manifiesto en los suelos graníticos del centro de España, en Jimenez – Landi, donde, junto con la syrah, da origen a un vino tinto vivo y deliciosamente jugoso. Incluso en Sicilia echa raíces profundas: la bodega I Vigneri di Salvo Foti la vinifica en monovarietal para obtener un vino luminoso, lleno de energía volcánica. Ya sea como tinto de marcado carácter o como pilar fundamental de rosados finos, la garnacha aporta siempre calidez mediterránea a la copa.























