La Mourvèdre –conocida en España como Monastrell– es el alma de la viticultura mediterránea. Exige una luz intensa y la cercanía del mar para llevar a la perfección sus uvas de maduración tardía. En la copa se muestra profunda, marcada por fruta negra del bosque, hierbas silvestres y una estructura carnosa y característica. Que esta variedad poderosa también puede transmitir una frescura vibrante lo demuestran exigentes vinos rosados y vinos espumosos con estructura.
En el Ródano aporta estructura al cuvée de Clos des Papes, mientras que en Château de Pibarnon, en la Provenza, madura junto a la Cinsault hasta convertirse en monumentos salinos y minerales. La variedad se muestra burbujeante en Cataluña: en Alta Alella, como monovarietal en Cava y Pét-Nat, ofrece una fina fruta roja, mientras que Recaredo la combina magistralmente con Garnacha.


















