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Remirez de Ganuza · Tempranillo

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Fernando Remírez de Ganuza

En 1989, Fernando Remírez de Ganuza construyó la primera mesa de selección mecánica de España: «solo existían en los libros, no en la realidad», recordaría más tarde. Con ello, las Bodegas Remírez de Ganuza revolucionaron la viticultura española mucho antes de que la precisión se convirtiera en estándar. El antiguo agente inmobiliario de viñedos conocía cada buen paraje de Rioja y convirtió ese conocimiento en vinos extraordinarios. Hoy la bodega cultiva unas 80 hectáreas de viñedos propios repartidas en 70 parcelas y nueve municipios; las cepas destinadas al Reserva y al Gran Reserva tienen una media de 60 años. Este meticuloso trabajo de detalle se refleja en cada gota, desde la célebre selección «Schultern vs. Spitzen» hasta el revolucionario prensado Trasnocho con una membrana llena de agua.

Fernando Remírez de Ganuza (1951-2024) fue un outsider por excelencia. Nacido en Navarra en el seno de una familia dedicada a la producción cárnica y formado como dibujante técnico, nada apuntaba a una carrera en el mundo del vino. Sin embargo, este recorrido poco habitual marcó su posterior obsesión por el detalle y la precisión. Durante veinte años fue el mayor corredor de viñedos de Rioja; conocía cada parcela, cada ladera, cada matiz de microclima. En 1989 dio el paso y fundó su propia bodega en Samaniego, Rioja Alavesa. La primera añada llegó en 1991 y, con ella, una nueva era de la elaboración en Rioja.

Variedad: Tempranillo

En todos los vinos: 90 Vinos




Más sobre Remirez de Ganuza

El corredor que se hizo viticultor

Fernando Remírez de Ganuza (1951-2024) fue un outsider por excelencia. Nacido en Navarra en el seno de una familia dedicada a la producción cárnica y formado como dibujante técnico, nada apuntaba a una carrera en el mundo del vino. Sin embargo, este recorrido poco habitual marcó su posterior obsesión por el detalle y la precisión. Durante veinte años fue el mayor corredor de viñedos de Rioja; conocía cada parcela, cada ladera, cada matiz de microclima. En 1989 dio el paso y fundó su propia bodega en Samaniego, Rioja Alavesa. La primera añada llegó en 1991 y, con ella, una nueva era de la elaboración en Rioja.

Fernando Remírez de Ganuza en la bodega

La filosofía de los hombros

La innovación más revolucionaria de Fernando fue la distinción entre «Hombros» (hombros) y «Puntas» (puntas) de los racimos. Los hombros, que reciben más sol, maduran con mayor intensidad y se emplean para el Reserva y el Gran Reserva; el Fincas de Ganuza procede de viñedos más jóvenes, con cepas de entre 25 y 40 años. Las puntas van al vino de entrada «Erre Punto». Esta meticulosa selección en la primera mesa de selección mecánica de España fue una sensación en 1989 y hoy es un estándar en las bodegas de primer nivel de todo el mundo. La obsesión por el detalle llega incluso a que, en el Trasnocho, tras la fermentación una membrana llena de agua presiona el orujo contra la pared del depósito, con aproximadamente la mitad de la presión de una prensa, para lograr extracción con una oxidación mínima.

70 parcelas, una visión

Viñas viejas en Rioja Alavesa

La bodega cultiva unas 80 hectáreas de viñedos propios en nueve municipios, repartidas en 70 parcelas, un mosaico de viñas viejas y diversidad microclimática. Para Reserva y Gran Reserva, las cepas tienen una media de 60 años. La mayor parcela individual, «Viña Coqueta», abarca 11 hectáreas y aporta el corazón del Gran Reserva. Las cepas de Tempranillo crecen en los suelos calcáreos de la Rioja Alavesa, que confieren a los vinos su característica mineralidad. Esta filosofía centrada en el terroir la comparte la bodega con otros pioneros como Artadi, que también apuesta en la Rioja Alavesa por la expresión de parcelas individuales.

Una nueva era con José Ramón Urtasun

Desde 2019, José Ramón Urtasun (n. 1976) dirige la bodega como propietario único, apoyado por el enólogo Jesús Mendoza, que lleva en ella desde 1994 y en 2001 ascendió a enólogo jefe. Tim Atkin eligió a Mendoza Winemaker of the Year en su Rioja Report 2024. La continuidad se refleja en éxitos legendarios: el Gran Reserva 2004 obtuvo 100 puntos del Wine Advocate y el Reserva 2006 fue elegido el mejor Rioja de la década. También los vinos blancos disponen de tiempo: el Olagar Gran Reserva, un Viura monovarietal de una parcela de San Vicente de la Sonsierra, envejece diez meses en barrica y no sale a la venta hasta pasados unos siete años.