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Felix Callejo · Cereza

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José Félix Callejo, viticultor de Bodegas Félix Callejo

Tim Atkin le coronó en 2021 como «Winemaker of the Year», un espaldarazo para el sereno enólogo de la meseta castellana. Bodegas Félix Callejo, en Sotillo de la Ribera, es una de las bodegas pioneras de un Ribera del Duero elegante y marcado por el terroir. Hoy dirigen la bodega cuatro hermanos: José Félix y Noelia en la bodega de elaboración, Cristina y Beatriz en la parte comercial. Sus 55 hectáreas de viñedos se sitúan entre 830 y 930 metros de altitud, donde las noches frías aportan a las uvas esa acidez vibrante que hace que sus vinos sean tan vivos. Desde 2000 la bodega trabaja de forma ecológica: cubierta vegetal entre las hileras de viñas, fermentación espontánea y vendimia temprana para lograr más tensión en lugar de más alcohol.

La historia suena a sueño de viticultor: en 1999, José Félix Callejo realizó unas prácticas en Château Pétrus, en Pomerol, la bodega de Merlot más legendaria del mundo. Un año después estaba en Chile, con Miguel Torres, entre cepas de Cabernet. Su hermana Noelia se marchó a Argentina, a Viña Cobos, y en dos ocasiones al Napa Valley, a Araujo Estate. Ambos regresaron a Sotillo de la Ribera, el pueblo de su infancia, donde su padre Félix había fundado la bodega en 1989 junto a su esposa Pilar. En aquel entonces, los padres metían botellas de vino en sus maletas y viajaban incansablemente por Europa para dar a conocer sus vinos. Hoy, Bodegas Félix Callejo es una de las casas más respetadas del universo de la Tempranillo.

≈ Aroma: Cereza

En todos los vinos: 2865 Vinos




Más sobre Felix Callejo

Pétrus, Mendoza, Napa… y de vuelta a Sotillo

La historia suena a sueño de viticultor: en 1999, José Félix Callejo realizó unas prácticas en Château Pétrus, en Pomerol, la bodega de Merlot más legendaria del mundo. Un año después estaba en Chile, con Miguel Torres, entre cepas de Cabernet. Su hermana Noelia se marchó a Argentina, a Viña Cobos, y en dos ocasiones al Napa Valley, a Araujo Estate. Ambos regresaron a Sotillo de la Ribera, el pueblo de su infancia, donde su padre Félix había fundado la bodega en 1989 junto a su esposa Pilar. En aquel entonces, los padres metían botellas de vino en sus maletas y viajaban incansablemente por Europa para dar a conocer sus vinos. Hoy, Bodegas Félix Callejo es una de las casas más respetadas del universo de la Tempranillo.

Cepas viejas de Tinto Fino en los viñedos de Bodegas Félix Callejo

El Páramo: donde la caliza toca el cielo

Los viñedos se reparten en 27 parcelas a lo largo de las colinas de Sotillo de la Ribera, en el límite norte del valle del Duero. En los páramos, las áridas mesetas situadas a 930 metros, aflora la caliza desnuda. Aquí las cepas no necesitan echar raíces profundas: los minerales abundan. Más abajo, en el valle, se alternan suelos de guijarros de antiguos cauces fluviales, zonas arenosas cercanas a los pinares y suelos arcillosos y pesados. Esta diversidad explica por qué cada botella de Sotillo posee su propio carácter. Las extremas diferencias de temperatura entre el día y la noche, a menudo de más de 20 grados, conservan en el Tinto Fino su acidez incisiva, que da a los vinos su columna vertebral viva. Altitudes igualmente marcadas se encuentran en Valdemonjas, en la vecina Olivares de Duero.

Viñedo de Garnacha a 920 metros de altitud en Bodegas Félix Callejo

Elegancia en lugar de potencia: la nueva generación

Noelia Callejo lo formula con claridad: terroir y precisión en lugar de roble y statu quo. Los Callejo trabajan con certificación ecológica desde el año 2000. La fermentación espontánea con levaduras propias del viñedo es habitual, al igual que la siembra de cubierta vegetal entre las hileras de cepas, que limita el rendimiento de forma natural. La vendimia comienza antes que en muchos de los viñedos vecinos, no por el mero hecho de adelantar la fecha, sino en busca de una fruta más crujiente, una tensión más firme y un alcohol más moderado. El resultado son vinos que, incluso tras años en la bodega, laten de frescura. El Flores de Callejo muestra esta filosofía en la gama de entrada: jugoso, de contornos nítidos, con el característico toque especiado del Tinto Fino. El Majuelos de Callejo procede de cepas viejas de parajes concretos y aporta fruta oscura, finos aromas tostados y una textura sedosa.

Viña Pilar y el Albillo Mayor blanco

La familia no solo logra buenos vinos tintos. El Albillo Mayor, una variedad blanca autóctona de la región, se encuentra tanto en el Parajes de Callejo, donde aporta al Tinto Fino mineralidad y estabilidad, como en versión monovarietal en el El Lebrero. Este vino blanco con maceración con pieles une aromas calcáreos y pétreos con una textura firme, que lo convierte en un acompañante ideal para la mesa. El Viña Pilar Clarete, por su parte, rinde homenaje a Pilar Callejo, quien junto a su marido Félix sentó las bases de todo. Un clarete fresco y directo, como la propia meseta castellana.