
Platea, palco, balcón: quien cartografía las parcelas de viñedo de Valdemonjas se encuentra en un teatro. La bodega de la Ribera del Duero une música y vino: el violín de Charo marca el control de calidad, mientras la familia Moyano cuida las vides. En la Milla de Oro, entre Vega Sicilia y Pingus, nace un Tempranillo puro, con certificación ecológica, en una bodega premiada y completamente autónoma de la red eléctrica.
„Kalkstein“
En todos los vinos: 1475 Vinos
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Donde la música da forma al vino
Charo Agüera tocó el violín durante más de tres décadas en la Orquesta Nacional de España. Hoy se sienta con los ojos cerrados frente a las barricas y juzga si un vino ha encontrado el equilibrio adecuado. Su marido, Alejandro Moyano, descubrió en 1997 estas nueve hectáreas en Quintanilla de Arriba, donde entonces se cultivaba remolacha azucarera. Acababa de dejar la Abadía Retuerta, donde había desarrollado durante cinco años, como director, más de 200 hectáreas. Lo que buscaba: un proyecto propio, manejable, sin concesiones.
Las parcelas llevan nombres como Palco, Anfiteatro y Platea, un homenaje al mundo de Charo. Cada una se vendimia y se fermenta por separado, porque arcilla, caliza, marga y creta se alternan aquí en un espacio muy reducido. En la ladera norte, a entre 700 y 750 metros, las noches refrescan las uvas de Tempranillo y preservan su acidez. El resultado: vinos con tensión y frescura, que se distinguen del estilo a menudo opulento de la región.

La arquitectura como declaración
En 2014, los Moyano encargaron el proyecto a dos jóvenes arquitectas que habían iniciado sus carreras en Foster + Partners: Ana Agag y Silvia Paredes. Su diseño ganó en 2016 nada menos que dos Architizer A+ Awards en Nueva York, como Jury Winner y Popular Choice. El edificio emerge de la ladera como una escultura, y el tejado inclinado recoge el agua de lluvia para la bodega. Los paneles fotovoltaicos suministran entre el 90 y el 95 % de la electricidad. La bodega no depende ni de la red eléctrica pública ni del suministro de agua.
En el interior, la gravedad conduce las uvas de una estación a otra: sin bombas, sin estrés mecánico. Los depósitos ovalados de cemento permiten una suave microoxigenación. Debajo se encuentra la bodega abovedada, construida con una técnica de 2.000 años de antigüedad: el ladrillo árabe y el mortero de cal poroso mantienen constantes la temperatura y la humedad, sin aire acondicionado. En el muro frontal destaca un mural del artista Julio Sendino.

Luca d'Attoma y la segunda generación
Desde 2011, Luca d'Attoma asesora a la bodega. El enólogo italiano, conocido por su propio proyecto Duemani en la Toscana, ha contribuido a definir el estilo de Valdemonjas: menos extracción, maceraciones más cortas, un uso preciso de la madera. El El Primer Beso envejece en acero y hormigón y muestra una fruta abierta, sin máscara de roble. Entre Palabras pasa 14 meses en madera y gana profundidad, mientras que Los Tres Dones se compone a partir de las mejores parcelas de los tres viñedos.
Alexis Moyano asumió la gerencia en 2018. El hijo, formado en Supply Chain Management, impulsa la venta directa y abre la bodega a los visitantes. Su hijo Hugo ya está preparado: la tercera generación.
El Nogal de la Valera: la esencia
La parcela más destacada no se encuentra en Quintanilla, sino más al sur, en La Horra, a 800 metros. Cepas de más de 80 años arraigan aquí en arena y arcilla. Los rendimientos son mínimos, la concentración extrema. El Abrí Las Alas («Abrí mis alas») procede exclusivamente de esta parcela. El Master of Wine Pedro Ballesteros lo cuenta entre los diez mejores vinos de la Ribera del Duero. Quien lo bebe entiende por qué los Moyano no se limitan a hacer vino, sino que lo componen.







