
En las laderas de Elvillar, la bodega Maisulan cultiva desde 2001 de forma ecológica cepas viejas en vaso entre olivos centenarios, con certificación ecológica desde 2015 y con métodos biodinámicos. La bodega Maisulan, dirigida por Eva Fernández y Luis Ruiz de Viñaspre, sigue la filosofía japonesa del «no hacer» de Masanobu Fukuoka. En 15 hectáreas, a partir de cepas de unos 50 años, nacen vinos de gran finura que reflejan con precisión los suelos arcillo-limosos de la Sierra Cantabria. Tim Atkin define a ambos como «thrilling producers in Rioja»; sus interpretaciones de Graciano y Tempranillo demuestran lo vivo que puede saber la Rioja Alavesa.
Variedad: Tempranillo
En todos los vinos: 90 Vinos
Más sobre Maisulan
Dos locos enamorados de su tierra
Así se describen a sí mismos Eva Fernández y Luis Ruiz de Viñaspre, y esa pasión se percibe en cada sorbo de sus vinos. Cuando Luis y Eva dejaron en 2001 la bodega familiar para seguir su propio camino, comenzó un viaje revolucionario en la Rioja Alavesa. Inspirados por Masanobu Fukuoka, el pionero japonés de la «agricultura del no hacer», desarrollaron una filosofía de intervención mínima. Su Maisulan 12 encarna esa actitud: encantador, afrutado, con una acidez viva en lugar de una extracción pesada.

Elvillar, Viñaspre, Moreda
Luis es oriundo de Elvillar, y allí se encuentra aún hoy la mitad de los viñedos. Viñaspre, a un cuarto de hora de distancia, es el lugar de nacimiento de la abuela de Eva. En esas mismas tierras altas de la Rioja Alavesa, azotadas por el viento, cultiva también sus parcelas Roberto Oliván, viticultor de Tentenublo. Los viñedos de Maisulan se sitúan entre 470 y 580 metros de altitud, con pendientes y orientaciones variables, al abrigo de la Sierra Cantabria frente a los vientos atlánticos. Las 15 hectáreas se reparten entre Elvillar, Viñaspre y Moreda, sobre suelos arcillo-limosos.
Tempranillo, Graciano y viejas cepas en vaso
El 83 por ciento de la superficie de viñedo está plantado con Tempranillo y el diez por ciento con la escasa variedad Graciano. El Txabola Graciano muestra el carácter nítido de esta variedad: fruta púrpura, especias marcadas, acidez viva. En 2001, Eva y Luis arrancaron un viñedo enfermo y plantaron deliberadamente Graciano, una variedad minoritaria. En los extremos de las hileras crece Viura, que protege el suelo de la erosión; en la parcela más antigua, Sobremoro, de unos 70 años, crecen además Malvasía y Calagraño. Las cepas se conducen en vaso –poda en vaso– y tienen una edad media de unos 50 años. Entre los troncos nudosos crecen olivos centenarios, un testimonio vivo de la historia mediterránea de este terroir.

Ecológico, biodinamia e investigación
Eva y Luis trabajan de forma ecológica desde 2001. Durante mucho tiempo evitaron las certificaciones, pero en 2015 decidieron certificarse como bodega ecológica. A ello se suman métodos biodinámicos y, desde el año pasado, el camino hacia la agricultura regenerativa. Con el instituto de investigación vasco Neiker trabajan en varios estudios: sobre la erosión del suelo, sobre extractos vegetales de elaboración propia en comparación con productos comerciales (los preparados propios funcionaron mejor), sobre el censo de polillas y sobre la cuestión de qué variedades resisten mejor al mildiu, la peronospora y la botrytis en el contexto del cambio climático. En la bodega, las barricas de dos años se utilizan solo con discreción: el foco está en una expresión de la fruta nítida y sin extracción excesiva. El resultado son vinos de precisión cristalina, que justifican con creces la calificación de Tim Atkin como «thrilling producers».



