Lambrusco, para muchos fue durante mucho tiempo un vino como el Chianti de la botella forrada de rafia o el Soave en botella de litro de la pizzería. Era uno de esos vinos de los años setenta con los que, tras una noche de juerga en la que además se fumó mucho, uno acababa despertándose hacia el mediodía del domingo con un dolor de cabeza taladrante. Este vino ha desaparecido en gran medida del mapa porque, hace aproximadamente una década, unos cuantos viticultores comprometidos intentaron cambiar la imagen del Lambrusco, completamente maltrecha por las grandes bodegas industriales. Tuvieron éxito, y ello también gracias a la ayuda de gastrónomos como Massimo Bottura, que en su galardonada Osteria Francescana fue de los primeros en volver a incluir en la carta este vino tan especial. Lambrusco vuelve a ser Lambrusco …
¿Qué es en realidad el Lambrusco?
El Lambrusco es el vino tradicional de la Emilia, es decir, de esa parte de la Emilia-Romaña que se extiende desde la capital, Bolonia, hacia el noroeste, en dirección a Módena y Cremona, hacia la lutería y los automóviles deportivos de lujo, hacia el vinagre balsámico, el Parmigiano Reggiano o el Prosciutto.
El Lambrusco es un vino que en general se recuerda como semidulce, pero que con la misma frecuencia se elabora seco, aunque siempre con cierta efervescencia.
Procede –y de ahí viene el nombre– de variedades de uva antiguas, a menudo ancestrales, basadas en vides silvestres, en italiano lambrusca. Lambrusco no es, por tanto, un término para una variedad de uva, ni para una familia de variedades, ni siquiera para un estilo propiamente dicho; pues los vinos pueden ser de burbuja fuerte o ligera, realizar la segunda fermentación en depósito o en botella, elaborarse en tinto oscuro, rosado o blanco, y ser dulces, semisecos o secos. Y, sin embargo, el nombre es hoy sinónimo de vinos espumosos de la Emilia y, en pequeña proporción, también de la Lombardía.
Vino de la tierra del campo
Uno de los protagonistas más destacados del renacimiento del Lambrusco fue, y sigue siendo, Vanni Nizzoli.
Vanni procede de una familia de agricultores que siempre fueron también viticultores y que, como era habitual antiguamente, practicaban una agricultura mixta.
La finca se encuentra algo apartada, en pleno idilio de Puianello di Quattro Castella, no lejos de la ciudad de Reggio Emilia. Corría el año 2003 cuando Vanni decidió jugárselo todo a una carta y especializarse por completo en la elaboración de vinos que retoman antiguas tradiciones y variedades de uva. Sus padres ya habían dado en los años ochenta a la bodega el nombre del viñedo más antiguo, Cinque Campi y habían vendido sus primeros embotellados propios a restaurantes y comerciantes locales, pero Vanni quería volver a empezar todo desde cero.
Fue decisivo que dispusiera de más de siete hectáreas de viñedos viejos, con clones y variedades de uva antiguos, que en su familia nunca habían sido tratados con pulverizaciones sistémicas.
Así pues, comenzó con la certificación como bodega ecológica y, a partir de entonces, se dedicó a los estilos de vino tradicionales de la Emilia. Pronto se ganó la reputación de elaborar uno de los Lambrusco más encantadores y auténticos de la Emilia.
Cinque Campi – cinco campos
Los viñedos de Vanni son Cinque Campi y Le Marcone, que heredó de sus padres, así como Botteghe y La Bora Lungha, que pudo adquirir después. Todos ellos están marcados por una mezcla de arena, limo y arcilla, con contenidos de ácido silícico por lo general elevados, en proporciones diversas y con distintas orientaciones al sol.
«El alto contenido de ácido silícico de las zonas arenosas aporta al vino frescura y acidez, un carácter casi esquelético, que yo llamo los huesos del vino. El subsuelo de creta lo complementa con algo de fuerza y mineralidad», describe Vanni la influencia de sus suelos en el vino. Allí crecen las variedades tradicionales Malbo Gentile y Spergola, así como Lambrusco Grasparossa, pero también Trebbiano dell’Emiglia, Marzemino, Cabernet Sauvignon, Muscat y Carmenère.
Intervención mínima
Lo que en el viñedo comienza con un manejo ecológico y en parte biodinámico, se continúa de manera consecuente en la bodega.
Si en algún lugar de la Emilia-Romaña hay vin naturel, es aquí.
Incluso la segunda fermentación la inició sin aditivos y únicamente con la ayuda de un mosto refrigerado de sus propias uvas, de modo que la cantidad añadida determina la presión final en la botella. Con menos mosto resulta un Frizzante; con más mosto, un Spumante.
El remuage y el degüelle de las aproximadamente 11.000 botellas que se elaboran cada año en Cinque Campi corren a cargo del propio Vanni, de su padre y de su hijo.
Texto y análisis de los vinos: Christoph Raffelt






