Nota de cata
- Color & aspecto
- Rojo rubí oscuro, atravesado por reflejos violáceos y parduzcos: una copa que ya a la vista promete profundidad.
- Nariz
- Herbal y etéreo en su núcleo: eucalipto, menta, tomillo y romero, junto con hinojo, anís y regaliz. La naranja amarga y el pomelo aportan luz cítrica; la canela y el clavo, calidez especiada. Un deje medicinal, casi de botica, recuerda a los caramelos de salvia y al caramelo; le siguen pasas, dátiles, chocolate negro y regaliz negro, antes de que la pimienta negra, el enebro y el arándano rojo pongan el acorde final.
- Boca
- Sorprendentemente ligero a pesar de su densidad especiada: untuosidad sedosa, un grip agradable, afrutado y juguetón. Manteca de cacao, chocolate negro y guinda amarena bailan sobre la lengua, mientras el cuerpo se mantiene nítido y elegante. Pleno en boca, muy bien equilibrado, con una longitud perceptible.
- Final
- Largo y cálido, con notas persistentes de speculoos y pan de especias: un eco como un paseo invernal por la pastelería navideña.
- Terroir & origen
- Nace en Pedrosa de Duero, en el corazón de la Ribera del Duero, en la pequeña bodega familiar MN Vinos, en inmediata vecindad con la renombrada Bodega Felix Callejo. Detrás están los tres amigos Paco, Noe y Juan Pablo, que con su proyecto Wachisnais llevan a la botella la tradición española del vermut tras la misa del domingo.
- Variedad & vinificación
- La base es el Tintorro de Tempranillo (aquí llamado Tinto Fino), que envejece nueve meses en tonel de madera. Después se ensambla con Rita Hetvin, un vino dulce de la misma bodega, cuyas barricas llevan en sí más de seis años de historia. A ello se añaden 37 botánicos en maceración, desde el ajenjo y las pieles de cítricos hasta el cardamomo y el anís estrellado.
- Maridaje
- Su versión más bella es la purista: con hielo, con tiempo y en buena compañía. Como combinación entusiasma con foie de pato con crumble de speculoos y gelatina de membrillo, con el pastel tibio de pasas con helado de almendra o con el parfait de chocolate con guindas amarena calientes.
- Particularidades
- La joya de la casa: la crianza en madera y el ensamblaje con vino dulce convierten al Celestial en un vermut de densidad y profundidad poco habituales: eucalipto, chocolate negro, regaliz y arándano rojo en un único arco de amplio recorrido. Un aperitivo que pasa sin esfuerzo también por digestivo y que, como dicen sus creadores, es menos un vino que una sensación.
