El Portugieser lleva en su nombre un malentendido histórico, ya que en realidad procede de la región del Danubio y llegó a Alemania en el siglo XIX. Su gran fortaleza reside en su carácter maravillosamente jugoso y accesible. Con una acidez suave, un tanino delicado y una fruta sugerente de bayas del bosque claras, aporta una maravillosa ligereza a la copa. Esta fina frescura lo convierte en un candidato ideal para rosados estimulantes.
La armonía con la que esta variedad se integra en cuvées vivas la demuestra la bodega Haardt Hills, del Palatinado. Junto con Spätburgunder y Sankt Laurent, el Portugieser aporta al rosado de tono rosa salmón, a la versión espumosa con burbujas y a su equivalente sin alcohol una encantadora nota de fresa que garantiza puro placer al beber.

