La moscatel es una de las familias de variedades de uva más antiguas del mundo, marcada por un aroma inconfundible, casi etéreo. Sus bayas llevan en su interior el perfume del sur: azahar, jazmín y una fina especia de nuez moscada se funden en un bouquet denso. Ya sea elaborada en seco o como néctar de podredumbre noble, la variedad conserva, a pesar de su abundancia de fruta, una frescura vivificante que marida de maravilla con queso curado o entrantes salados.
Lo versátil que es la moscatel se aprecia en el valle portugués del Duero. La casa Niepoort lo demuestra con una interpretación de veinte años de crianza que, con reflejos ámbar y una profunda complejidad, celebra la maestría oxidativa de la región. Que la variedad también brilla como jugador de equipo en las Baleares lo demuestra el Ibizkus Blanco, en el que la moscatel aporta, junto con macabeo y malvasía, un delicado carácter floral y juguetón.
